Pedro Antonio Marín, más conocido como Manuel Marulanda Vélez y “Tirofijo”, era el líder máximo de las FARC-EP. El alias lo adoptó en homenaje a un sindicalista comunista que fue
asesinado y torturado por la policía colombiana en Medellín en 1951.
Con 13 años, dejo la casa de sus padres para ahorrar y lograr así tener una finca, trabajó en diferentes oficios, como carnicero, leñador, tendero y panadero.
El 9 de abril de 1948 marcó definitivamente su vida y la de Colombia. Aquel día asesinaron el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, lo que provocó un importante levantamiento popular contra el Gobierno conservador de Mariano Ospina. La represión sin límites llevo a Marulanda a retirarse a la selva, afirmó tiempo después: «Alzarse en armas fue la única manera de sobrevivir»
La desigual lucha de Marulanda y la justicia de sus actos contribuyeron notoriamente a construir sus habilidades organizativas, su agudeza estratégica y sus posiciones programáticas, intransigentes en el apoyo a las exigencias populares.
Nunca pudo ser capturado ni muerto en combate, la muerte lo encontró anciano, es un gran triunfo para un guerrillero y una demostración de su vocación de victoria, empero no contribuye a crear el mito que lo eleve a la altura de lo que significo como revolucionario.
Durante sesenta años organizó movimientos campesinos y comunidades rurales; creó el ejército guerrillero más poderoso de América Latina.
Las FARC llegaron a ser un ejército de todo el pueblo: un tercio de los comandantes son mujeres, más del setenta por ciento son campesinos. Marulanda es reconocido por su estilo sencillo, que prefería delegar las tareas importantes a una dirigencia colectiva, con mucha autonomía regional y flexibilidad táctica. Aceptó un amplio abanico de opiniones sobre tácticas, incluso si discrepaba profundamente de ellas
La reflexión, la comprensión y el análisis de Marulanda le permitieron avizorar el carácter recalcitrante de la oligarquía colombiana, obediente del fukingimperialismo, y la violencia con la que van a actuar ante procesos “democráticos”.
Las FARC proponen todo el tiempo una salida pacifica al conflicto, para lo cual plantean la necesidad de realizar una reforma agraria, insisten en el desmantelamiento de los escuadrones de la muerte y en la destitución de los generales colombianos implicados en las masacres. También en cuestiones de fondo plantean una economía mixta basada en buena medida en la nacionalización de los sectores económicos estratégicos y en la financiación a gran escala a los campesinos para el desarrollo de cosechas alternativas a la coca. Los programas de las FARC están a disposición de quien quiera conocerlos pero son silenciados por los medios.
Marulanda combatió contra el poder, contra miles de millones de dólares, contra miles de “boinas verdes”, cuerpos especiales, mercenarios, más de 250.000 militares colombianos y 35.000 paramilitares integrados en escuadrones de la muerte.
El presidente Pastrana (1998-2002) debió sentarse a charlar por la paz, pero eso no lo soportaría la violenta oligarquía, ni su jefecito de turno Clinton (1993-2001). Marulanda lo sabia, y pese a mantener un acuerdo de desmilitarización la traición estaba latente. Finalmente los acuerdos se frustraron nuevamente, ningún gobierno electo en Colombia puede tomar la decisión que las FARC proponen, ninguno que llegue a presidente en ese país puede tocar o tan solo rozar los negocios del poder, por eso las FARC no pueden bajar los brazos ni confiar aunque sea por pura esperanza.
Analizar y comprender la realidad Colombiana implica entender a la oligarquía y a los intereses de EEUU, eterno defensor de la democracia, que no duda en actuar con sus armas libertadoras.
A principios de los ochenta, muchas organizaciones decidieron probar la vía electoral, firmaron un “acuerdo de paz” con el presidente colombiano, crearon La Unión Patriótica y lograron numerosos alcaldes y diputados. Con una buena elección a nivel presidencial. Marulanda no se opuso públicamente al acuerdo, pero no abandonó las armas.
En 1987, más de 5.000 miembros de la Unión Patriótica habían sido asesinados por los escuadrones de la muerte, entre ellos tres candidatos a la presidencia, una docena de congresistas, y muchos alcaldes y concejales. Una masacre aterradora nunca vista, inconcebible.
Con el gobierno de Uribe, que ahora llama a un referéndum porque salto la ficha del fraude electoral de su reelección, y con su par estadounidense Bush, quien también fue reelecto fraudulentamente, la ayuda económica y militar a crecido rotundamente y la estrategia de combate es mucho más cruel a pesar de que parecía no haber mayor nivel en la escala de violencia y violación de los derechos humanos; desde 2006 en adelante la destrucción del campo y del campesinado aumento considerablemente logrando desplazar a más de tres millones de campesinos. El intercambio humanitario no tiene el lugar que ocupa el asalto a traición en cualquier lado y de cualquier forma.
Marulanda eligió vivir en el combate, su epopeya esta entre las más grandes de la historia, o tal vez sea la más grande de la historia.
En mayo de 1964 la operación LASO (Latin American Security Operation) -con aviones espías, campaña psicológica incluida, seguido por un fuerte cerco con tropas aerotransportadas, la instalación de numerosos puestos de control militar para completar el bloqueo de la región, y finalmente el bombardeo a Marquetalia con poderosas cargas explosivas y bombas de napalm, que marcaron el comienzo de la penetración en profundidad de las tropas terrestres- se presento como una victoria asegurada, aplastante, pero finalmente la historia dijo que ni 16.000 soldados equipados con lo mejor de la época pudieron capturar a 48 guerrilleros.
Los años pasaron, la cosa parece ponerse más cruda, los golpes cobran forma de show mediático, televisados en casi en vivo, que alimentan el circo triunfalista pero nada es lo que aparenta y las victorias que anuncian el fin ya tienen muchos años dando vueltas. Ni en Marquetalia con el súperoperativo, ni hoy con los miles de millones de dólares. Ellos, los del norte y sus mascotas, todavía siguen buscando desesperados; saben muy bien que pelean contra la victoria de la justicia.
Hasta la victoria Siempre. |